Karina “La Princesita”

Un largo camino al trono

 

Llegó casi de casualidad y en pocos años consiguió lo que ninguna mujer podía desde la muerte de Gilda, ser indiscutida dentro de la movida tropical. La cumbia empieza a quedarle chica.

 

Por Valentina Cardozo | Periodista 

 

La apertura habitual de cada comienzo de año en Showmatch duró media hora. Con esas cifras excesivas que la distinguen, tuvo la participación de 500 artistas pero al día siguiente solo se hablaba de Karina “La Princesita”. Acompañada únicamente por una violonchelista, interpretó Hey Jude, el clásico de The Beatles. La escena duró menos de dos minutos pero fue suficiente para convertirse en la gran sorpresa de aquella noche del 28 de abril de 2014.

Hasta ese momento, la enorme mayoría del público colocaba a Karina Tejeda como una simple cantante tropical. Era una muchacha que estaba de novia con el futbolista Sergio “Kun” Agüero (y por ende, enfrentada a todo el clan Maradona) y la voz detrás de cumbias románticas muy exitosas como Corazón mentiroso.

Enseguida aparecieron las críticas por la pronunciación en inglés, por el “sacrilegio” de meterse con los Beatles. “Grasa” fue uno de los calificativos más utilizados. Para muchos, ella pertenecía al mundo de la bailanta y allí debería quedarse. Aquella aparición televisiva sirvió también para mostrar que podía salirse de su zona de confort.

“¿Viste que hay muy pocas mujeres en la cumbia? El recuerdo de Gilda es demasiado fuerte. Ella no solo cantaba bien; además era humilde, trabajadora, madre de familia y tenía un pasado como maestra”. La frase corresponde a Daniel “La Tota” Santillán, conductor histórico de Pasión de Sábado, el programa más importante de la TV argentina dedicado al género musical. Conocedor del rubro, el presentador analizaba el panorama y daba los motivos que dificultaban la inserción femenina. En la comparación inmediata con semejante figura, nadie parecía estar a la altura. Ni Dalila, ni La Piba ni Rocío Quiroz (tres mujeres que precedieron a La Princesita) pudieron vencer a esa sombra.

Karina Tejeda tenía tres años una tarde de 1989 cuando escuchó a su mamá tarareando una canción mientras lavaba los platos. Le preguntó por qué no cantaba en televisión. La señora respondió que no se animaba. La nena, en cambio, estaba decidida.

-Le dije “yo no tengo vergüenza y yo sí voy a cantar en televisión”. Cada vez que lo cuento me sigo sorprendiendo de la seguridad con que lo comuniqué.

Hay pocos detalles de su vida privada. Se expone poco. En 2017 contó pormenores de una infancia atravesada por episodios violentos.

–Cada vez que llegaba mi papá a casa cambiaba el clima. Seguro que había algo mal hecho. Muchas veces mi mamá después de ser golpeada, entraba toda ensangrentada a buscarnos al colegio. Una vez terminó internada por los golpes.

Cuando Karina tenía 10 años la madre dijo basta y se fue con ella y su hermano Ezequiel a cuestas. La huida derivó en un periodo de carencias. En una entrevista con la revista Pronto, reveló:

–Nunca pudimos tener una casa porque mi mamá trabajaba todo el día y con lo que ganaba, solo le alcanzaba para alquilar una piecita. Ahí adentro estaban las camas, una cocina y el baño. Me daba vergüenza, siempre ocultaba dónde vivía y decía que mi casa era la que estaba al lado.

 

Sueños conquistados

Las privaciones no la alejaron de su objetivo. Ya en la secundaria las compañeras le elogiaban la voz e insistían para que cantara. En un pequeño grabador, con micrófono en mano, entonaba los temas que le pedían. No le gustaba escucharse, sentía que tenía la voz muy finita. A los 14 comenzó a ensayar con gente del barrio. Incentivada por el tecladista que era como el líder, armó su primera composición.

–Era un tema re pop, todavía recuerdo que me dije a mí misma: “wow...puedo hacerlo”. Me movía mucho en bicicleta, me acuerdo de ir por las calles de Munro rumbo a clases y de repente me encontraba tarareando algo. Tenía que parar y ponerme a escribir.

La cumbia y su trono femenino vacante todavía no aparecían en el horizonte. A los 15 subió por primera vez a un escenario. Actuó en fiestas privadas con versiones melódicas y algunos tangos.

–Me había presentado a cuanto casting encontrara pero siempre me faltaba algo. Fui a los castings de Bandana, de Operación Triunfo. Horas y horas de hacer cola y esperar. Siempre había un “no” en el medio.

Un llamado telefónico empezaría a abrirle las puertas. La familia Serantoni, dueña de gran parte del circuito bailantero (programa de TV, emisoras de radio, sellos discográficos, agencia de representantes, boliches) la tenía en su radar y quería incluirla en un proyecto nuevo. Karina  comenzó a grabar el disco debut justo el día después de terminar el colegio secundario. 

–Me enganché con toda la movida y con el público. Me enamoró el ambiente de la cumbia, me encantó el sonido, el acordeón, el teclado, la percusión. No era fácil que una mujer sea aceptada y sin embargo me pasó todo lo contrario– explicaba.

El primer disco salió en 2004. Los fines de semana hacía viajes interminables en una combi para actuar en vivo. Llegó a hacer 10 shows distintos en una misma noche. Por aquella época, posiblemente sin saberlo, el nombre elegido ya mostraba signos de querer convertirse en la heredera de Gilda.

- Pasé a ser "La Princesita" porque incluso "La Princesa" me parecía una exageración, yo no era nadie. Algunos pretendían que me llamaran "La Reina", "La Número 1". Por mi insistencia de tener un apodo que se ajustara más al lugar que ocupaba, fue como quedó hasta hoy "La Princesita".

No tardaron en llegar los éxitos: primero dentro del circuito y luego a nivel masivo. Corazón mentiroso, Con la misma moneda y Basta superaron el ámbito específico de la cumbia y cualquier persona las puede tararear. Hasta ahora grabó ocho discos, tres DVD en vivo e hizo gala de un enorme poder de convocatoria. Obtuvo seis Premios Gardel y un Konex. Desde hace una década es una especie de monarca sin corona.

–Sigo siendo la misma, la que ama a la movida tropical, la que está orgullosa de los lugares, teatros y estadios que pude llenar pero mi instinto me dice que también tengo que incorporar temas lentos o tangos a mi repertorio, que siempre fueron muy bien recibidos.

La relación con Agüero terminó en 2017 pero los continuos viajes a Inglaterra (donde todavía vive el futbolista) para encontrarse durante el noviazgo redefinieron su carrera. Abandonó la maratón de shows por fin de semana, se abrió hacia otros ritmos, Flavio Mendoza la contrató para actuar en una obra de teatro, volvió al programa de Tinelli como participante del torneo de baile, estudiará comedia musical en una academia de Nueva York. Aunque diga que sigue siendo la misma, no lo es. La anhelada corona cumbiera queda atrás porque La Princesita ahora quiere conquistar otro reino.