Por Matías Cerutti

Tres historias de Bombal

 

 

Un campeón de automovilismo post mortem, dos primas escritoras descendientes del fundador y un ciclista que disfruta de su propio laberinto.

 

Matías Cerutti | Viajero, cronista y narrador

Pito Campos | Ilustraciones 

 

En la película Vanishing Point un veterano de guerra conocido como Kowalsky apuesta que es capaz de conducir un coche Dodge Challenger blanco del año 1969 desde Denver hasta San Francisco, recorriendo el suroeste de Estados Unidos en solo 15 horas. A medida que transcurre el film y Kowalsky va sorteando obstáculos y recibiendo estímulos para cumplir con su objetivo, el espectador descubre que no es la apuesta lo que verdaderamente motiva al piloto. Se trata de otra cosa, de una sensación de liberación, de un desafío o un pacto superior difícil de explicar.

Como Kowalsky, el 10 de diciembre del año 2000 Hernán Bradas piloteaba el Escort XR3 amarillo motivado por mucho más que el simple hecho de llegar primero. Lo asistía un turbo de respaldo emotivo que llevaba escrito en el pecho, debajo del antiflamas. Era la última carrera del  campeonato de Turismo Nacional Clase 3 que Walter Tanoni venía encabezando magistralmente hasta que, el 23 de septiembre en el kilómetro 66 de la ruta 33, a bordo de su Peugeot 405, chocó contra un camión y murió producto de un traumatismo de cráneo.  Su familia y equipo decidieron brindarle un profundo gesto de despedida. Su hermano menor, Omar, intentaría sumar puntos para la escuadra, y su amigo, Hernán, conduciría el Escort número 92 que Walter había piloteado hasta el borde de la coronación.

Aquella jornada de diciembre, el mítico circuito Oscar Gálvez sería testigo de la consagración póstuma. Los únicos dos pilotos que tenían chance de alcanzarlo en la tabla de posiciones eran Oscar Canela y Daniel Stambul. El primero tuvo que abandonar por problemas de temperatura, ocasionados por una piedra que rompió el radiador de su vehículo; a Stambul se le había cortado el cable del acelerador. A Omar Tanoni, que al año siguiente saldría subcampeón y luego se convertiría por varios años en animador del Turismo Carretera, el deseo de regalarle el campeonato a su hermano lo había llevado hasta el quinto lugar. Dabras, que debutaba en la categoría, llegaba primero a la bandera de cuadros empapado en lágrimas, pensando en su amigo y en su padre que un par de años antes había fallecido en un accidente similar al de Tanoni. Los familiares y amigos de Walter, los mecánicos, y hasta el mismo Hernán Bradas se abrazaban, festejaban y lloraban luciendo remeras estampadas con la leyenda “Bombal ya tiene campeón”. 

 

Las Bombal

El nombre de esta localidad santafecina ubicada a la vera de la ruta provincial 14, a 87 kilómetros de Rosario, se debe a Domingo Lucas Bombal que en 1917 donara, por pedido de unos colonos santafecinos que fueron a solicitárselo hasta Mendoza, las tierras para que se construyera la estación de ferrocarril que daría nacimiento al pueblo. Bombal, que venía de familia paterna ligada a la política mendocina (su abuelo había sido 11 veces gobernador interino de Mendoza), había sido educado desde los siete años en Inglaterra y luego había vivido en Estados Unidos. Su padre falleció muy joven y fue su madre, Lucila Barrionuevo Pescara de Bombal, la verdadera artífice del próspero negocio vitivinícola familiar. Lucila había heredado una fortuna de sus abuelos maternos. Al enviudar envió a sus hijos a estudiar a Europa y se dedicó a sus bodegas y a la caridad en las zonas más humildes de Mendoza. Su hija María Mercedes murió de escarlatina en Inglaterra y su hijo regresó al país cuando ya el negocio familiar trascendía las fronteras provinciales, extendiéndose por San Luis y Santa Fe, desde donde vendrían los colonos a solicitar la donación de las tierras. En 1924 el Vaticano condecoró con medalla de oro, diploma y un título de nobleza de la Santa Sede a Lucila Bombal por sus obras de caridad. Recibió esa distinción en Roma, donde fue recibida por el papa Pío XI.

Susana Bombal y María Luisa Bombal fueron primas, nietas de aquel que fuera tantas veces gobernador de Mendoza. Ambas mantuvieron una relación amistosa y profesional con Jorge Luis Borges, aunque en lugares y circunstancias diferentes.

 Susana realizó traducciones y ensayos en colaboración con Borges, quien estuvo en más de una ocasión en la estancia Los Álamos cuando Susana residía allí. Publicó libros como “Tres domingos”, “Green Wings”, “El cuadro de Anneke Loors”  y “La predicción de Bethsabe”, además de cuentos, crónicas de viaje y entrevistas en el suplemento literario de La Nación. Dio conferencias y ofreció audiciones culturales en Buenos Aires, en varias provincias y en la BBC de Londres. Borges escribió prólogos de sus obras y un poema que tituló con su nombre, donde decía, refiriéndose a Susana: “Está donde haya música, en el leve azul, en el hexámetro del griego, en nuestras soledades que la buscan, en el espejo de agua de la fuente, en el mármol de tiempo, en una espada, en la serenidad de una terraza que divisa ponientes y jardines. Y detrás de los mitos y las máscaras, el alma, que está sola”.

María Luisa Bombal nació en Viña del Mar, Chile., Invitada por Pablo Neruda que en aquel momento había sido nombrado cónsul, viajó a Buenos Aires luego de dispararse un tiro en el hombro durante una fiesta en casa de su amante. María Luisa colaboró con la revista Sur y publicó un par de novelas cortas que fueron muy bien recibidas por el entorno. Tanto Borges como Juan Rulfo reconocieron haber sido influenciados por la obra de esta escritora que tenía una personalidad muy particular: divertida, ocurrente, aguda y sagaz, sin reparos a la hora de hacer comentarios que pudieran dejar en ridículo en público a alguna personalidad de la literatura como Oliverio Girondo. Luego de escribir algunos guiones cinematográficos elogiados por la crítica, volvió a Chile donde aún vivía su antiguo amante, Eulogio Sánchez, un conocido dirigente político. Una noche, en pleno centro de Santiago, lo vio salir del cine acompañado por una mujer, le disparó tres veces y comenzó a gritar “¡Yo fui, yo soy la única culpable!”

La película “Bombal”, dirigida por Marcelo Ferrari, narra la vida y obra de esta transgresora escritora chilena, precursora en cuestionar los roles establecidos, dándole voz a personajes femeninos con conciencia de género que se atreven a tener actitudes y sentimientos cuestionados por una sociedad hipócrita e indiferente.

 

Tierra de ciclistas

El tramo de la Ruta Provincial 14 que pasa por Bombal lleva el nombre del campeón post mortem Walter Tanoni. Aunque parezca extraño, es bastante habitual ver pedalear por esa avenida a ciclistas que en otra localidad llamarían la atención por la cantidad de equipaje y por las condiciones en las que circulan. Viajeros de distintas nacionalidades que recorren el país y el  continente en bicicleta, han pernoctado y descansado en esta pequeña localidad santafecina, y esto para los bombalenses es algo natural. Es que Héctor “el Negrito” Peralta es un vecino de Bombal que practica el cicloculturismo desde hace muchos años y que en el camino ha conocido a famosos viajeros como Damián López (jamerboy, en Internet) y Marcelo Álvarez (en Facebook: ciclista viajero) que registran sus periplos en páginas web y redes sociales. Negrito ha hospedado a varios seres rodantes de esta especie, y estos han inspirado al joven Aldo Orpianessi (en Facebook: pelado a pedal) que un día se montó a su bicicleta “Bianca” y se largó a viajar, llevando a su Bombal natal por todo el país y por países limítrofes.

Una de las alternativas que tienen los ciclistas para planificar su viaje, encontrar donde pasar la noche, o darse una ducha caliente, es a través de sitios web como Warmshowers o Couchsurfing. En estos espacios virtuales uno busca y ofrece alojamiento; así, mientras Aldo se hospeda en hogares que lo reciben para brindarle descanso y compañía, sus padres son anfitriones de ciclistas que se hacen una parada en Bombal.

Aldo y “Bianca” andan rodando desde hace más de tres años. Recorriendo la región de Cuyo llegaron a San Rafael, Mendoza, y allí se encontraron con la estancia Los Álamos,  donde se encuentra uno de los homenajes más grandes que se le ha hecho a Jorge Luis Borges: un inmenso laberinto que fue soñado y diseñado por Susana Bombal y el inglés Randoll Coate (ambos amigos de Borges). El laberinto ocupa casi dos hectáreas y está compuesto por 7.000 plantas de arbustos boj “buxus sempervirens”. Desde un mirador ubicado en la cima de una inmensa torre puede apreciarse el jardín borgiano, que tiene forma de libro abierto con senderos que escriben el apellido del escritor y dibujan simbología recurrente en toda su obra.

Como en un cuento de Borges en el que se entrelazan sueños, recuerdos,  espejos y laberintos, Aldo se lanzó por la ruta de los senderos que se bifurcan y vio rojos amaneceres en las Torres del Paine, vio majestuosos glaciares en los Andes Australes, vio la abundancia y generosidad de las tierras guaraníes, vio la fresca sonrisa de los vírgenes desposeídos, la triste mueca de los abominables, pepitas de oro en arenas de ríos secretos, vio el incesante centelleo del nocturno patagónico y la hora de la tarde en que la llanura está por decir algo. Desde el mirador de la estancia Los Álamos, Aldo se detuvo a mirar el laberinto que lo invitaba a seguir los diferentes ramales que el camino va dibujando hasta uno mismo, y vio infinidad de cicloviajeros que ingresaban a su pueblo por la Avenida Tanoni, y a ese pibe oriundo de Bombal que nunca soltó el hilo de Ariadna, porque bien sabe que el centro de su universo está en su tierra.