Entrevista

“Queremos organizaciones con perspectiva de género”

Feminista y cooperativista, Gisela Wild entiende que la consigna “por más mujeres en los puestos de decisión” no se negocia; pero agrega que también es necesario tener perspectiva de género para impulsar el cambio cultural.

 

 

Por Cecilia Ghiglione | Revista COLSECOR

 

Gisela Wild es santafesina y desde hace 10 años forma parte del movimiento cooperativo. Desde Ibarlucea, donde está su cooperativa de base, ha ido construyendo su participación en el sector desde una mirada feminista, llegando a conformar hace unos años el Comité de Equidad de Género en Cooperar. Actualmente, además de presidir la Cooperativa de Servicios Públicos de Ibarlucea, representa a la Federación de Cooperativas Eléctricas de Santa Fe (Fescoe) en la Confederación.

 

¿La presencia política que ha tomado la lucha feminista ha permitido dar mayor impulso a la discusión que plantea la participación de la mujer en el movimiento cooperativo?

–Creo que hay una retroalimentación. Cuando nosotras planteamos el tema del cupo femenino también lo hicimos desde el contexto político porque la efervescencia que va tomando el movimiento de mujeres influye en el movimiento cooperativo. Y nosotros vamos generando los cambios desde adentro, adaptándonos a este tiempo si no después vienen impuestos. Eso es por ahí lo que tratamos de transmitir a nuestros compañeros. Creo que lo que está pasando con el movimiento de mujeres a nivel internacional influye directamente y acompaña nuestro trabajo, aunque los resultados no son tan visibles como quisiéramos en cuanto a la participación. Mientras sea una excepcionalidad la presencia de una mujer en un consejo de administración sigue siendo un problema; cuando sea algo normal a nadie le va a llamar la atención ver a una mujer en una cooperativa eléctrica. Es una tarea de formación, de discusión y un gran trabajo poder encarar estos temas tomando posiciones individuales sin que esto nos divida; es un fuerte desafío que tenemos en este momento.

 

Venís de una agenda activa de encuentros internacionales de mujeres cooperativistas. ¿Qué experiencias has podido conocer y comparativamente cuál es la situación de Argentina en este tema?

–Hemos podido conocer el caso de Chile que a través de una nueva legislación de cooperativas incursionó en la proporcionalidad de género; esto significa que ante determinada cantidad de mujeres asociadas en la base, deben estar representadas en los órganos de fiscalización y ejecutivos de las cooperativas. En una visita reciente a Honduras, donde fuimos invitadas, pudimos ver que aplican la ley de cupo femenino del 30 por ciento junto a otras medidas como la conformación de un consejo o confederación de mujeres cooperativistas. De esto se desprende que además de la acción positiva señalada en las legislaciones, es la propia organización de las mujeres la que va a fortalecer la participación. Esto es lo que debería hacerse acá: por un lado las mujeres organizadas trabajando en formación y empoderamiento, y por otro, la normativa permitiendo la participación. Lamentablemente como sociedad no hemos encontrado otra forma más efectiva para lograr que las mujeres se sumen a la vida política e institucional. 

 

La legisladora Soledad Carrizo impulsó en Diputados proyectos de cupo femenino en cooperativas y mutuales que han tenido diversa suerte y sólo el de cooperativas alcanzó media sanción en esa Cámara. ¿Qué dice el sector de esta posibilidad?

–En general, las confederaciones (Cooperar y Coninagro mayormente) no los han visto con mucho optimismo, le han ido encontrando diferentes dificultades en la aplicación y han hecho llegar a los legisladores propuestas o aportes para su modificación que fueron tomados. Más allá de eso, las mujeres del movimiento cooperativo y mutual estamos a favor. Dentro de Cooperar hay una apertura y un acompañamiento, pero no como está planteado en Diputados. Es un tema complejo políticamente. Nosotras desde el Comité de Género de Cooperar vemos como necesarias las acciones positivas y si no acuerdan con las propuestas presentadas, que se elabore un proyecto propio. De todas maneras sobre esa recomendación que hacemos, las bases no tienen consenso.

 

¿Cuáles son las principales objeciones?

–Van en torno a la aplicación y uno de los principales puntos se da en las cooperativas de trabajo o en aquellas donde hay pocos asociados que al tener que aplicar un porcentaje obligatorio de participación, las mujeres se verían obligadas a estar en esos puestos. En las cooperativas de mayor cantidad de asociados es más simple resolver el tema. Después están las discusiones más doctrinarias como, por ejemplo, si corresponde o no que el Estado o el Poder Legislativo se meta con la política cooperativa. Hoy en día en muchas partes del mundo, las legislaturas y los Estados incluso están regulando  la conformación de los directorios de empresas privadas en relación al cupo así que para nosotras es una discusión de otro tiempo y está resuelta.

 

De todos modos, ya sea por corrección política o por presión social, se están empezando a instalar algunas discusiones. ¿Lo ven así?

–Sería injusto no reconocer ciertos espacios. Yo creo que hay apoyo del sector, no como quisiéramos, pero venimos también trabajando y haciendo incidencia para que en los congresos las mujeres tengan presencia. Me ha pasado de ir a reuniones con un funcionario y que te hagan sentar al lado y una sabe que es por conveniencia. No me importa, de algún modo se van dando los cambios. Queremos más mujeres en los puestos de decisión, eso no se negocia en las consignas, pero también queremos organizaciones con perspectiva de género  porque si esas mujeres que ocupan los espacios no tienen una visión en ese sentido tampoco sirve.  A veces hay dirigentes varones que desde su compromiso entienden por dónde va la cuestión, que hay que dar apoyo y se van formando un poco. Yo creo que no sólo hay que tratar la cuestión cuantitativa sino cualitativa. Hay un montón de situaciones que en momentos de crisis como el actual atraviesan de otro modo a las mujeres. En el sector eléctrico donde estoy, la pobreza afecta más a una mujer que a un varón y cualquier decisión que se tome en una cooperativa debe estar atravesada por eso. Creo que el desafío es empezar a pensar esto y brindarles a las entidades cooperativas herramientas y conocimientos teóricos como para poder encarar eso.