Entrevista

“Estamos llenos de contenidos globales pero no tenemos contenidos cercanos”

El colombiano Omar Rincón no es sólo periodista, es también académico y ensayista en temas de cultura, medios y comunicación política. Su mirada aguda y cínica es siempre bienvenida para ayudarnos a desplegar una visión crítica de la enmarañada realidad que nos atrapa diariamente.

 

 Por Cecilia Ghiglione | Periodista 

 

—¿Cómo ves hoy los medios públicos? 

—Los medios públicos están en un mal momento en América Latina porque se siguen utilizando como propaganda política o simplemente como algo por cumplir. En Argentina pasaron de ser un proyecto político de gobierno a ser simplemente un estorbo, los deben tener ahí para mostrar que no son tan autoritarios.  En Colombia los medios públicos se salvaron de una ley que quería acabarlos a partir de la desfinanciación.  Digamos que, dicho de una forma un poco sarcástica, son como un mueble que tienen todos los gobiernos y no saben bien qué hacer. Y es una lástima porque realmente podrían servir muchísimo, sobre todo cuando el mundo se volvió cada vez más privado. Ante el predominio de las redes sociales, de las plataformas digitales, de la TV privada más interesada en los negocios; los medios públicos son como el último baluarte que nos queda con relación a otro tipo de contenidos y de estéticas. Pero en este momento ningún gobierno de América  Latina los está contemplando como algo que sirva. Hay una tendencia en la región a decir que lo público no sirve y otra vez escuchamos que lo privado es más eficiente.  En Argentina, donde actuó más rápido el actual gobierno fue en la Ley de medios y ahí hay un mensaje clarísimo de que no les interesa lo público, no les interesan los derechos del ciudadano sino el negocio para unos pocos. El caso argentino es extremo pero de alguna manera las empresas de telecomunicaciones están haciendo mucha fuerza para quedarse con todo el negocio del entretenimiento, que es el negocio del futuro, de los bienes simbólicos. Lo increíble del caso argentino es que nada es para la ciudadanía. La televisión pública que tenían, la están destruyedo. COLSECOR  mismo es un modelo de negocio que no existe en ninguna otra parte, también hacen lo posible para cercarlo.  A mí me impresiona el cinismo y la arrogancia con que están destruyendo todo, hay una gran carga de odio. Es muy complicado construir sociedad así porque además lo que hace este modelo es poner a los argentinos a pelearse entre sí en lugar de enfrentar al poder. El problema argentino es su mayor éxito: la clase media que se volvió fascista y no quiere que nadie tenga sus privilegios que fueron construidos por la educación pública que ahora quieren destruir. Pero también Argentina es la solidaridad de la gente. El otro día participé en Salta de un encuentro por los trabajadores despedidos de Agricultura Familiar y fue maravilloso, la gente se juntaba. Hay que cuidar eso porque es lo que están tratando de romper. Están promoviendo el capitalismo del yo para romper la vida colectiva.  

 

—¿Y qué está sucediendo con la TV tradicional, más allá de si es privada o pública? 

—El concepto de la televisión clásica ha muerto, no se puede seguir pensando en la televisión como un aparato que da entretenimiento o relajación sino que hoy hablaríamos de entretenimiento audiovisual expandido, lo que significa que la categoría es entretenimiento y no televisión, donde el ciudadano se convierte en el programador de su entretenimiento.  En ese panorama de pantallas múltiples o expandidas hay tres características básicas. Una, es que cada pantalla narra distinto, tiene una estética diferente y emociones distintas; y ese es el error más común que cometen muchos operadores que hacen el mismo contenido para todas las pantallas. En segundo término, cada una implica una posibilidad de interacción diversa: hay momentos del día en que quiero ser descerebrado, otros en los que quiero ver televisión clásica y popular, y otros donde quiero videojuegos. Esto también implica modelos de negocios diferentes. Si pensamos que el televidente es el programador, la televisión que triunfaría es aquella de plataformas donde tengo todo disponible y yo mismo decido el menú. Pero también la televisión abierta clásica va a seguir existiendo para la información local porque eso no lo hace nadie. La que está en entredicho es la TV por cable que es jurásica porque de nada sirve tener tantos canales cuando ya podemos escoger los que queremos. Creo que en ese escenario surgen tres tendencias de contenidos y de creatividad. Una, es que estamos llenos de contenidos globales, pero no tenemos contenidos cercanos. Entonces, la regla de oro es: si quiero llegar a mi gente, tengo que hacer televisión para mi gente porque para la otra ya hay de todo.  Esto implica crear formatos y contenidos para la cercanía, que no sean masivos. Segundo, tenemos que hacer medios que pongan más al ciudadano en pantalla, que ellos sean las estrellas y no los periodistas; el ciudadano quiere estar en las pantallas. Tercero, de alguna forma hay que hacer menos televisión y  trabajar más colaborativamente porque técnicamente no podemos tener este exceso de producción audiovisual para que nadie la vea. Si cada canal hiciera media hora de producción al día y se juntaran en una única plataforma probablemente tendríamos una televisión de muchísima mejor calidad y más potente para el ciudadano. Casi que nos toca generar la cancha donde los ciudadanos se junten a pasarla bien. 

 

—¿Qué estrategias debería pensar un medio local para ocupar ese espacio de ciudadanía? 

—Yo siempre he dicho que hay tres tipos de programación. Hay televisión muy barata y es la que se hace con los ciudadanos. Esto que te digo es fatal, pero es cierto. Si tú tienes un canal local puedes convertir en celebrities a toda la gente de la comunidad y le dedicas 10 horas a que el ciudadano sea productor de sus propias historias y cuentos. Luego está la televisión de mantenimiento, tampoco te cuesta mucho, la que tienes por convenio. En ese sentido COLSECOR es una excelente oportunidad para brindar horas compartidas de programación a todos los canales. Eso te permite conocer cosas de la región, otras historias parecidas, casi una televisión turística, cultural y patrimonial. Una tercera televisión, la más pequeñita, tiene que ver con la calidad que te aumenta la autoestima. Se dedica a narrar en serio la localidad. Por ejemplo, una serie sobre la historia de la comunidad que la ponga en valor y se pueda compartir con otros canales y repetir cuantas veces quiera. Esa es una manera de pensar, la segunda es que de alguna manera hay que “desnoticiar” la televisión. En Argentina, sobre todo, hay un exceso de querer hacer noticias y esa información se vuelve inútil y ahí está parte del problema. Es que todos los programas son de entrevistas o de noticieros y creo que eso tiene a todos absolutamente cansados. Tenemos que empezar a buscar otras maneras de contar ya sea a través de la ficción o en formatos que se parezcan mucho más a la comunidad. Habría que darse la posibilidad de experimentar y de fracasar si se quiere. La parte complicada es convencer a la gente que hace televisión local que tiene que arriesgarse a hacer otra cosa. En la televisión local haría muchísimo directo porque la comunidad está ahí, está cercana. Imagínate que todos los días se haga televisión desde un barrio y sea el barrio el que se cuenta hasta generar un tejido social. Se pueden hacer muchas cosas, pero nos da miedo innovar. No es un problema de los canales locales porque todos hacen exactamente lo mismo. Ahora que pasó el Mundial de fútbol, fue como una tragedia porque fueron más periodistas que jugadores y todos fueron a hacer lo mismo. Para colmo de males, se fueron hasta Moscú y montaron un set de televisión igualito al que tenían acá en Argentina. ¿Para qué se fueron hasta allá si parece que estuvieron en Buenos Aires y no en Rusia? El asunto es que de alguna forma, no van al mundo a narrar distinto sino que van al mundo a repetir lo mismo. Las universidades tampoco están enseñando a hacer cosas distintas, critican el noticiero pero enseñan a hacer lo mismo, no hay creatividad. Hay un síndrome de producción pero sin saber para qué. Estamos haciendo mucha televisión que no vemos. Hay que volver al minimalismo porque hay exceso de pantallas y poco tiempo para ver televisión. 

 

—¿Cómo juegan las redes sociales en la producción de la realidad? 

—Las redes se han vuelto tristemente la noticia. La gente opina ahí y los periodistas leen lo que la gente dice; y está buenísimo hacerlo pero hay que pasar a otra etapa. Las redes permiten hacer una televisión cooperativa donde cada uno pueda producir sus propias imágenes más allá de participar solamente con un tuit. Ahora está sucediendo algo interesante en la política, y también sucedió en el Mundial, y es que la gente empieza a producir memes como forma de opinión tal que se podría dedicar un programa a verlos. Pero no solamente la cuestión es pasarlos y celebrarlos sino que estaría bueno dar criterio sobre lo que la gente manda, hacer una devolución sobre lo que se está diciendo. El meme como columna de opinión me parece maravilloso, funciona y está demostrado que la gente sí puede crear cosas buenas, malas, grotescas o no. El papel de uno como periodista o emisor de mensajes tiene que ser el de evitar la polarización, la grieta, y mirar los sentidos, buscar cosas de construcción colectiva.  

 

—Las redes  “gratuitas” en el fondo tienen un costo ¿Hay ciertos riesgos para el ciudadano al participar exponiéndose allí? 

—Lo que debemos tener es más conciencia crítica sobre nuestros datos. Nosotros cada vez que entramos a internet  o a una red social o a una plataforma dejamos una huella de lo que hacemos. Eso se configura como dato y se vende a empresas o políticos para manipularnos y controlarnos mejor. En ese sentido estamos dando datos para que hagan negocio: el petróleo de hoy son nuestros datos. Como ciudadanos debemos tener conciencia y resistirnos a ser un dato, somos seres humanos y antes de consumir deberíamos pensar por qué lo hacemos, antes de ver un meme deberíamos preguntarnos si es verdad y así. Esta conciencia crítica es fundamental y falta aprender mucho sobre esto porque cuando uno entra a una red gratuita, por más que le haya dado datos falsos y piensa que engaña al algoritmo, lo que usted hace con esa red social el algoritmo sí lo vio. Creo que es complicado que tomemos conciencia de nuestra vida íntima.