Boca Social, el brazo comunitario

Aunque no  suele aparecer en las noticias, Boca Juniors desarrolla programas comunitarios para fortalecer el lazo con su barrio de origen. Organiza fútbol amateur, orquestas infantiles, ejercicios para adultos mayores y actividades para la familia.

 

 Por Julia Pazzi | Comunicadora Social  

Para la mayoría de los argentinos, hablar de Boca Juniors es hablar de Carlitos Tevez, de Román Riquelme o de Martín Palermo. Los colores azul y amarillo están tan arraigados al club porteño que pocas veces se pueden combinar por fuera de su bandera y sus 22 títulos internacionales le han otorgado un lugar privilegiado en la comunidad futbolera mundial.

Junto con River Plate protagonizan el denominado Superclásico del fútbol argentino; un evento que, según el periódico inglés The Observer, está en el primer puesto de los 50 espectáculos deportivos que hay que ver antes de morir. Muchos lo consideran el club más popular de Argentina y sus 143.000 asociados lo posicionan como la institución deportiva con más miembros de toda América Latina.

La hinchada “xeneize” es reconocida por su pasión y entusiasmo, pero pocas personas conocen su brazo comunitario: la Fundación Boca Social.

Ubicada en el corazón del barrio de La Boca, esta organización sin fines de lucro utiliza el deporte como herramienta de acercamiento a la comunidad y traza proyectos persiguiendo un único objetivo: fomentar la inclusión, el desarrollo y la promoción de oportunidades para la familia en su conjunto.

Rocío Sétula, miembro del equipo de Prensa y Comunicación, me invitó a reunirme con ella y conversar mejor sobre los orígenes, motivos y valores que impulsan el día a día de la fundación. Nuestro punto de encuentro fue el Estadio Alberto J. Armando, mejor conocido como La Bombonera.

Hay equipo

Llegar al barrio de La Boca significa respirar una bocanada de colores, candombe y espíritu bostero; las parrillas porteñas ofrecen “el mejor asado argentino” a la vez que las banderas, insignias y postales del club inundan las paredes de ladrillos desgastados.

El calor expulsa a los vecinos de sus casas y muchos sacan las sillas a la vereda; afuera de un local, dos hombres discuten sobre política y cortan la tarde con una cerveza fría. Pienso en cómo el ambiente me remonta a los viejos pueblos del interior del país, donde el tiempo parece detenido. 

Cuando estoy por entrar al estadio, dos policías uniformados me piden el documento, los datos y me explican cómo llegar hasta el departamento de Boca Social: primer piso a la izquierda.

Mientras camino por los pasillos de hormigón me imagino cómo, en un día de partido, los rincones que hoy se muestran tan tranquilos se contagian de la emoción que desatan los simpatizantes. Momento en que la efervescencia toma el poder y el estadio se llena de vida.

El departamento de Boca Social se hace presente sin previo aviso: el hall de entrada cuenta con un amueblado completo, una biblioteca antigua y un piano de cola cubierto por una manta color bordó. El ambiente decorado con pinturas de los artistas más reconocidos del país desencaja en ese escenario que parecía tan desabrido.

Rocío me recibe con una combinación de seriedad y carisma. Es fanática de Boca desde que tiene memoria, estudió Relaciones Públicas y trabaja para la fundación desde hace dos años. 

Caminamos por un pasillo pintado de amarillo y a través del que se puede ver el interior de las habitaciones; por un lado un complejo de oficinas, por el otro, las aulas que sirven como espacio para las actividades. Mientras saco mi grabadora repaso el ambiente: pupitres, pizarrones y un estante lleno de libros, todo esto ubicado en medio de un estadio de fútbol, increíble.

Rocío señala que la organización como fundación está hace apenas dos años pero que previamente era el Departamento de Acción Social del club, impulsado bajo la gestión de Mauricio Macri.

 

  • ¿Qué programas se mantienen actualmente?

— “Boca X los Chicos” sigue vigente. Es un proyecto que busca promover la inclusión de los más chiquitos mediante clases de apoyo escolar y a través de actividades recreativas en las plazas de la zona.

Bajo la premisa “no sólo cumplimos sueños, también motivamos a soñar” Fundación Boca Social siguió creciendo y hoy cuenta con más de diez actividades sociales dirigidas a personas de todas las edades y contextos sociales.

“Upa La Boca”, por ejemplo, fue el primer centro abierto a las familias del barrio. Este espacio se creó para fortalecer el vínculo mamá-bebé mediante diferentes talleres y actividades lúdicas que abarcan temáticas como alimentación saludable, trabajo corporal, accidentes domésticos y crianza.

“Boca Senior”, por otro lado, es un lugar dedicado a los miembros más grandes de la comunidad. Con la excusa de juntarse a merendar, los abuelos y adultos mayores se reúnen todos los jueves y realizan distintos ejercicios de estimulación cognitiva, física y social para promover una mejor calidad de vida.

El plano artístico también es un factor fundamental para la organización: “La Orquesta Xeneize” tiene como objetivo acercar la cultura de la música a la población infantil y, asimismo, generar un espacio de contención. Rocío sonríe y expresa con fascinación: “es increíble verlos aprender a tocar los instrumentos. Un día vienen sin saber nada y a las pocas semanas los ves tocando una canción de Charly García y vos decís ¿cómo puede ser?”.

La Fundación Boca Social también tiene múltiples actividades benéficas incentivadas por el amor a la pelota. “La Liga del Potrero” es una de ellas.

Esta competencia de fútbol inclusivo involucra a casi 1500 adolescentes de villas y barrios de la ciudad de Buenos Aires; la primera edición del año pasado fue un éxito y la gran final se concretó nada menos que en La Bombonera. Los campeones tuvieron la oportunidad de conocer a Mauricio Macri en la Casa Rosada y después al papa Francisco en Roma.

—Para los chicos fue increíble —señala Rocío— porque todo lo que es el ambiente religioso de las villas es muy importante; lo curioso de la Liga del Potrero es que los equipos no son clubes, sino parroquias. La religión es lo que más nos une.

Estos son sólo algunos de los programas que se impulsan desde la Fundación y con el incentivo de toda la comunidad xeneize.

—¿Cómo financian todas sus actividades?

—Por un lado tenemos la Cena Anual Solidaria que es un evento multitudinario donde asisten jugadores, socios y miembros de la comisión directiva.  Allí se recauda la mayor parte de los fondos que nos acompañan el resto del año mediante la venta de los cubiertos, algunos sorteos y rifas. Además, el Gobierno nacional y el club nos brindan cierto acompañamiento económico cuando realizamos trabajos en conjunto. 

Desde la organización aseguran que la esencia xeneize no se limita a la pasión y a la cancha, sino que también comprende los valores del compañerismo y la solidaridad. Es por eso que este año lanzaron la campaña de voluntariado “Una hora para tu club”. Mediante la inscripción en su página web, podés unirte a esta gran comunidad y ser parte de un cambio que une al fútbol, el compromiso y el amor por los colores azul y amarillo.

La fundación nació como un sueño y con la clara convicción de que los valores del deporte no sólo se dejan en la cancha. Respeto, esfuerzo y trabajo en equipo son las victorias del partido que se juega en el barrio.

Entendiendo que Boca es mucho más que un nombre y que la lucha por la igualdad debe ser colectiva, Boca Social se encarga de crear los lazos que unifican la pasión y que permiten repensar al fanático como un actor activo del cambio social.

Terminada la entrevista recojo mis cosas y me despido de Rocío por esta vez. El día está llegando a su fin y la puesta de sol revive los colores de las chapas añejadas por el tiempo. La brisa de verano se hace presente y la bruma del río se mezcla con el olor a asado que llega desde las parrillas.

De pronto pienso en Quinquela Martín y en cómo estas calles lo inspiraron durante toda su vida de artista. Una frase suya acompaña este relato y me obliga a retratarlo así como él retrato el puerto en sus pinturas:

"Y cada vez que partí llevé conmigo la imagen de mi barrio, que fui mostrando y dejando en las ciudades del mundo. Fue así como un viajero que viajaba con su barrio a cuestas. O como esos árboles trasplantados que sólo dan fruto si llevan adheridas a sus raíces la tierra en que nacieron y crecieron."