Por Martín Becerra

El debate público limitado

 

Por Martín Becerra | Prof. e Investigador UBA, UNQ y Conicet

Las redes sociales digitales como Facebook o Twitter permiten el acceso masivo y global a información y a contactos valiosos, a la vez que son una prolongación y una recreación del debate político y social e inauguran problemas relativos a la custodia y preservación de datos personales y a la amenaza a quienes ejercen la crítica.

 

 

La tercera semana de marzo fue muy intensa en novedades sobre las plataformas de redes sociales digitales como Facebook o Twitter y algunas de esas noticias impactan en el  funcionamiento de la conversación pública y en la intermediación digital de información y entretenimiento de los argentinos. Lo que ocurre con los productos de compañías como Google o Facebook afecta a millones de personas en todo el planeta, ya que sus redes digitales troquelan el escenario cotidiano de información y comunicaciones, albergan parte de los debates centrales que surcan el espacio público y, al concentrar la atención creciente de tantos usuarios, también concitan el interés de los actores políticos y económicos para su aprovechamiento. 

Además del escándalo internacional que protagoniza Facebook, cuyo fundador Mark Zuckerberg reconoció la denuncia periodística acerca de la manipulación de más de 50 millones de perfiles de usuarios de la más popular de las plataformas de redes sociales del planeta, se difundieron también reportes sobre el acoso sistemático de voces críticas en Twitter (en Argentina y en otros países). 

Mientras que el caso de Facebook impulsó a la propia compañía a modificar parte de su política de contenidos y datos para -según afirma- evitar otra filtración que ponga nuevamente en riesgo los datos personales de sus usuarios y activa una ofensiva del estamento político, fundamentalmente en EEUU, Alemania y Gran Bretaña, para exigir el cumplimiento de condiciones más allá de su fraudulenta autorregulación, en el caso de Twitter está en juego la capacidad de garantizar la libertad de expresión -lo que incluye la crítica a gobiernos y otros poderes- en una plataforma en la que se detectan campañas organizadas de amenazas y acoso contra quienes ejercen la crítica, lo que produce un efecto de inhibición y autocensura en el debate público. 

Un informe de Amnistía Internacional Argentina toma la definición de la Jefatura de Gabinete en su Carta sobre Libertad de Expresión y Medios Públicos de marzo de 2018 ("participamos todos de una gran conversación, y es responsabilidad de cada uno –con el Estado como garante y ejemplo principal– cuidarla y enriquecerla") para recordar que es deber del Estado preservar el debate público de amenazas a la libre circulación de informaciones, ideas y opiniones, así como fomentar un ambiente democrático y robusto para su plena expresión. Cuando periodistas o defensores de DDHH son hostigados de modo sistemático al brindar informaciones incómodas para el gobierno nacional -como documenta Amnistía Internacional-, la deliberación pública se resiente. 

El trabajo de Amnistía Internacional -que puede consultarse completo en este link y con el que colaboró el autor de esta nota- constata el accionar de cibertropas en Twitter con el fin de descalificar, agredir o intimidar a periodistas y defensores de DDHH de la Argentina. También analiza el modus operandi de los ciberataques y lo cuantifica para avanzar en la comprensión de un fenómeno reciente pero de creciente importancia. Además de este reporte, Amnistía Internacional en su sitio web difunde otros informes relativos a campañas de hostigamiento vía Twitter contra mujeres, disidentes políticos o periodistas en Gran Bretaña o México. 

Los resultados del informe argentino demandan un compromiso tanto del Estado como de las empresas proveedoras de los servicios de redes sociales como Twitter para garantizar que el debate genuino, la difusión y el acceso pleno a ideas y opiniones sin temor a represalias se realicen según los principios que el derecho internacional y nacional reconoce a la libre expresión. 

Las redes sociales digitales conforman una parte creciente de la dieta de información y comunicaciones en todo el mundo. A la vez que permiten el acceso a información y a contactos valiosos, son una prolongación y una recreación del debate político y social. Sus características e intercambios, novedosos en muchos casos, son portadores de problemas y tensiones de nuevo tipo.

Conocer las condiciones en las que se desarrolla la expansión del uso de las redes sociales digitales es fundamental pues alude a una de las cualidades distintivas de la democracia. Documentar sus problemas con el objeto de mejorar el funcionamiento de estas redes y de cultivar el debate democrático en general es un aporte al bienestar de las sociedades de la información que protagonizan el presente y el futuro cercano.