Erika Lederer / Entrevista

Me tocó ser hija de un genocida

 

 

Erika Lederer  integra el colectivo de  hijas e hijos de represores que desmandaron el precepto familiar y con sus relatos dan testimonio de una de las épocas más oscuras del país. “No elegimos esto, pero es nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad”, dice.

 

Ricardo Lederer, el padre de Erika, fue obstetra en la maternidad clandestina de Campo de Mayo a finales de los años `70.  Erika era una niña de apenas 5 años en esos tiempos tortuosos. Entre sus recuerdos hay una jirafa grande que le regalaron a los dos años y también las palizas que recibía por infiltrarse entre las botas durante los desfiles militares.

Fue en tercer grado, en 1984, cuando algunas cosas del relato hegemónica familiar empezaron a no encajar, cuenta en una nota que escribió para la revista Anfibia movilizada por el testimonio de Mariana Dodero, la hija de Etchecolatz, a quien Erika abraza como a una hermana. “Mariana nos cuida bastante, vamos pensándonos y aprendiendo sobre todo porque la prensa nos pone en un lugar de sacrificio y eso es al pedo”.

Usando la red social Facebook, Erika convocó a los hijos de represores que “no avalamos sus delitos” a juntarse con “la consigna de aportar datos y contar historias que a otros les sirvan”. Fue en mayo del año pasado, luego de la multitudinaria marcha en contra del fallo (finalmente fallido) de la Corte Suprema por la acordada del 2x1 que reducía las penas de los acusados por delitos de lesa humanidad.

“No elegimos la familia que nos toca”, dice Erika, “pero podemos elegir cómo construirnos”.

 

- ¿Cómo surge la necesidad de encontrase con otros hij@s de represores?

El 2x1 generó en la sociedad en general un rechazo absoluto porque era volver atrás muchos años de lucha para los procesos de lesa humanidad, entonces en ese sentido nos pasó que sentimos que algo había que hacer y decir y no quedarse en el dolor propio. El intento fue decir: si tenemos datos, como hijos de genocidas, juntémonos los que perseguimos la lucha por la Verdad, la Memoria y la Justicia. Somos pocos, porque la mayoría pertenece a la misma ideología de sangre, pero juntémonos  con mucha humildad porque en realidad éramos niños en aquel momento. Yo nací en el 76, era chica, pero lo que podamos decir sirve para ir armando este rompecabezas que es la historia, que todavía le faltan tantas piezas. De hecho hay anécdotas que pueden servir para rellenar; por ahí no aportan datos concretos para una causa sino para generar un contexto, para comprender mejor una situación y también para reconstruir entre todos lo que fue el entramado más perverso de la época de la dictadura en el país. Y tomar parte en esta co-construcción de la historia. A mí me tocó ser hija de un genocida.

 

- ¿Cuándo lo personal se volvió político?

Más o menos desde los 9 años empecé a entender lo que está bien y lo que está mal y eso me parece que es la clave y el punto para interpelar la figura paterna, con mucho dolor. Y todo eso genera síntoma de alguna manera porque el mismo tipo que te abrazaba era el que hacía un parto clandestino. No quedaba otra que disociar porque en la mesa te sentabas con él a comer. No quiero quedarme en eso porque me hace mal hablar…

 

El cuerpo entra en equilibrio, Erika vuelve a tener voz y sigue contando  que en ese tiempo -  cuando tenía 9 – le “empezó a caer la ficha” sobre su padre. “Primero lo habían escrachado en Página/12 porque era íntimo amigo de Camps. En casa hablaban mal del diario pero yo no sabía por qué”. También a esa edad le preguntó si había matado. La respuesta fue contundente y desgarradora. “Imaginá  esas preguntas, a esa edad, mi viejo era médico, el juramento hipocrático… de ahí ya no podes construir mucho más. Siempre me replicaron con cuestiones básicas pero no hay forma de argumentar lo que significa matar a nadie”.

 

- ¿Cuándo pudiste contar por primera vez quién sos?

Antes de aparecer en la marcha del 2x1, había un spot de Abuelas que decía: Soy hijo de tal…. Y a mí me salió escribir algo muy duro explicando que era la hija de un genocida. Pero me parecía muy amarillo y no lo publiqué.  Y se lo mande a Camilo, uno de los nietos que en ese momento no conocía, después fue mi primer abrazo reparador, y él me dijo que lo hiciera público. Me animé. Esa fue la primera vez que dije quién soy.

 

El Capitán Médico (R) Ricardo Nicolás Lederer murió el 9 de agosto de 2012. Una misiva publicada en el diario El Pregón de La Plata, firmada por el Coronel (R) Guillermo César Viola,  señaló: “Otro Camarada que sin encontrarse aún en cautiverio, se  hallaba bajo proceso judicial”.   Lederer se suicidó a pocas horas de haberse difundido la noticia de la restitución del nieto 106, Pablo Javier Gaona Miranda, cuando se supo que con su firma abaló la identidad falsa con la que fue entregado a sus apropiadores. Erika también recordó que su padre estuvo involucrado en “los vuelos de la muerte sobre el  río de La Plata y fue carapintada”.

“Según me cuentan mis vecinos, porque mi familia no me da información, la noche anterior a pegarse un tiro fueron a mi casa unos milicos a avisarle que lo iban a detener. O sea, todavía hay peligro de que eludan la Justicia, nosotros sabemos de lo que estos tipos son capaces, siguen vinculados al poder económico y se cuidan entre ellos, por eso no les daría prisión domiciliaria”.

 

Álbum familiar

 

 

Las marcas en el cuerpo

El cuerpo es evidencia. Cuando “la mano que cura y te abraza es la misma que tortura y decide sobre la vida de los demás hay un devenir de disociaciones, ninguna gratuita”, dice Erika y recuerda de aquellos años de infancia sus problemas para vincularse, el asma y el miedo a hablar. También los golpes y las lecturas prohibidas de la adolescencia.

“Me gustaba la filosofía pero estudié Derecho porque lo otro estaba vedado”. Todos esos años en la facultad sostuvo un único objetivo: recibirse para irse de su casa.

 

- ¿Llegaste a pensar que no eras su hija por eso te hiciste un ADN en el Durand?

En realidad me llamaron de Abuelas antes que mi viejo se mate, ante la posibilidad de que mi ADN fuera compatible con el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).  Yo realmente pensaba que no era hija de desaparecidos. Mi viejo pensaba y parafraseaba que le daría asco mezclar la sangre. Asco. Mi viejo está mencionado en el Nunca Más como el loco con pretensiones de depurar la raza, imagínate.  Entonces, yo de verdad pensaba que este no me hubiese adoptado si yo era hija de un desaparecido. Entonces, desde ese lugar yo sabía que no era hija de desaparecidos. Me hago el ADN y no da compatible con ninguno de esos datos. Y bueno, hay que hacerse cargo de lo que nos toca, pagaré el psicólogo, lo que sea. Me tocó esta pero pude construir desde un lugar seguro. La duda es un terreno muy fangoso. De golpe fue la primera certeza, era una mierda, pero era lo que tenía.

 

- ¿Cómo tomó tu familia la decisión de contar quién era Ricardo Lederer?

Cuando los familiares de genocidas tomamos estas decisiones y pedimos cárcel común el costo es alto al interior de nuestras familias. Yo no tengo familia, mis hijos no tienen con quien pasar las fiestas. El 24 a la noche, mis hijos lloraban porque no tenían a los primos ni a la abuela. Uno cuando toma una decisión ética debe asumir estas consecuencias. El año pasado atravesé algunos problemas de salud y ahí me di cuenta que no tenía a nadie, todos me cerraron la puerta. Ojo, lo volvería a hacer porque uno es un ser consecuente.

 

- ¿Alguna vez tu papá se arrepintió de algo?

Mi viejo jamás se arrepintió. No hay que olvidarse de eso, nunca se arrepintieron por eso  pedimos cárcel común porque nosotros sabemos de lo que estos tipos son capaces. Pensemos en Julio López.

 

- ¿Cómo hij@s de represores, son víctimas también?

Cuando me intentan encasillar como víctima, como víctima de mi viejo, yo digo que no. No soy víctima del Estado ni del Estado terrorista. En todo caso seré víctima de un delito común como cualquiera. Si tenés un padre que te cagó a trompadas, eso es violencia familiar, no es un delito de lesa humanidad. Me preocupa cuando nos quieren poner bajo el estigma de víctimas y serlo sería peligroso. No voy a hacer ese juego, hay que ir con humildad y sabiendo que no somos protagonistas. La espectacularidad no nos pertenece, nos somos héroes de nada. Hay que ser respetuosos de las verdaderas víctimas: los HIJOS, las Abuelas, las Madres. A mí como subjetividad no me sirve habitar ningún concepto de víctima porque eso te ancla y no podes hacer otra cosa. Eso también es una punta de cómo nos queremos manejar como colectivo: estamos al servicio de y si no servimos nos mandamos a guardar. Si durante 40 años me cayó mi viejo y de manera injusta, si me llaman de Abuelas para decirme que me calle, por supuesto. Lo que intentamos es coadyuvar a la construcción de la memoria, la verdad y la justicia. Si lo nuestro confunde nos vamos para seguir luchando, que se yo, por los derechos de los pibes en las villas. Yo soy hija de un tipo que hizo partos clandestinos pero a mí el Estado no me quitó la familia, no tengo gente desaparecida, la verdad es que fui a los colegios más caros. La pase mal, sí. Pero como cualquier persona que sufre violencia en la casa.  

 

 

Álbum familiar