Entrevista

Yamila Cafrune. Cafruneando

 

 

Por Cecilia Ghiglione | Redacción COLSECOR

 

En enero, Yamila recorrerá los principales  escenarios festivaleros. El jueves 25  de estará en el Festival de Cosquín siendo parte central del homenaje a su padre y convocando a artistas que se identifican con su cancionero. “Muchos de quienes lo acompañaron hoy están grandes así que vamos a ver cómo será esa convocatorio”, contó Yamila en la previa de la organización de la actuación del festival de Cosquín. 

Sobre Cafruneando, el show con el cual está celebrando los 80 años que en agosto pasado hubiese cumplido su padre Jorge Cafrune, Yamila dice que prefiere hablar de la “fiesta de cumpleaños del papi” antes que de homenaje porque “no queremos que sea algo lastimero sino un festejo con guitarreada como a él le gustaría”. También aclara  que espectáculo  tiene fecha de caducidad en agosto de este año, porque no quiere que sea un festejo eterno “como el de los Chalchas”. Por esas cuestiones que nos marcan los números, el 1º de febrero se cumplirán 40 años de la desaparición física de Cafrune, que es la edad que tenía cuando murió. 40 40 80 por si a alguien le gusta el número.

 

 

¿Qué recuerdos tenés de tu papá ya que tenías  12 años cuando murió?

Los momentos con él eran muy cortos porque siempre estaba viajando. Yo en realidad estaba muy enojada con la gente, esto nunca lo dije en realidad, lo celaba porque quería que mi papá fuera mío. Yo quería estar sola con él, aun cuando fueran mis abuelos o mis tíos… Los recuerdos que tengo de él como papá son como los que puede tener cualquiera con el suyo; era de hacer muchas bromas, hablaba bastante a pesar de ser un tipo parco cuando tenía actuaciones, le gustaba contar sus anécdotas  pero también era muy estricto en la educación y en lo que quería para nosotras. No permitía determinadas cosas, como todo padre. Eso no le impedía que te abrazara, te dieron un beso y te llenara la cara de pelos.

 

¿Estaba entre sus pretensiones que estudiaras abogacía?

No, ni abogada ni canto.  No quería ninguna de las dos cosas. Un día me preguntó

- ¿Qué va a ser Ud. m´ hija? 

- Cantora -  le digo

- No, cantora no.

- Bueno, abogada.

-Tampoco – me respondió.

Cuando le pregunté por qué me contestó, con otras palabras que no puede repetir,  que era un mundo donde estaba uno muy solo. Y no se equivocó.

 

En 1992, estrenando título de abogada otorgado por la Universidad Nacional de Córdoba, Yamila comenzó su carrera artística. Este hecho tuvo una casualidad absoluta, dice. 

“En realidad yo siempre cante en mi casa y  en reuniones de amigos. Ya recibida de abogada, me fui a Cosquín a cantar a una esquina,  fuera del festival  – donde le hacían un reconocimiento a su papá -  Ahí me escucha  Julio Mahárbiz y me invita al escenario mayor al otro día.  Ahí empecé a cantar”

 

¿Y la abogacía quedó de lado?

Haciendo caso a mi mamá me recibí. Y la abogacía me ha ayudado, con esto del canto nadie te asegura tantas actuaciones por mes y hay una familia que sostener así que en momentos de vacas flacas  me ha ayudado.

 

 

Muerte por accidente

En la madrugada del 31 de enero de 1978, cuando marchaba a caballo rumbo a Yapeyú para depositar un cofre con tierra de Boulogne-sur-Meren homenaje al general Jose de San Martín, Jorge Cafrune fue atropellado por una camioneta de la que nunca se supo más nada. Mal herido, después de pasar varias horas a un costado de la ruta, murió el 1º de febrero. Después de sostener por muchos años la versión oficial del accidente, la familia impulsa la reapertura de la causa. 

“La inocencia de cierta edad se va dejando atrás. En la época en que mi papá murió, en el 78, era pleno gobierno de Videla, y no se podía averiguar nada. Es más, si preguntabas desaparecías vos. Y mi mamá tenía cuatro hijas, no podía darse el lujo de ponerse a averiguar nada más que lo mínimo indispensable. En ese momento, todo se planteó como un accidente y hasta el día de hoy la persona que lo acompañaba a caballo me sigue diciendo: “Fue un accidente Yamilita”. Esta persona es Fermín Gutiérrez, le dicen “Chiquito” y vive en Rodriguez

 

¿Qué nuevos datos han surgido para sembrar la duda?

Fueron apareciendo algunos testimonios. Hay una señora  – Graciela Geuna, sobreviviente del campo clandestino de concentración La Perla,  Córdoba – que dijo en el juicio contra los represores que escuchó decir - por entonces al teniente primero Carlos Enrique Villanueva  - que a Cafrune había que matarlo porque había cantado en Cosquín una zamba no autorizada. Si bien fue un comentario dentro del testimonio, la muerte de mi viejo si no fue dictada por los militares les vino como anillo al dedo para achacársela ellos. También hay un relato de un exiliado en España en este sentido, ambos testimonios se escucharon en el marco del juicio La Perla.  

Hoy, mediante un abogado, estamos pidiendo el desarchivo de la causa. Si se comprueba que hay nuevos elementos y se llega a que se trató de un delito de lesa humanidad no estaría prescripta la causa.

Dos testimonios importantes, el de la testigo de La Perla y otro de España de una persona exiliada. Ambos aparecieron en el marco del juicio de La Perla.

 

 

 ¿Cómo es llevar el apellido Cafrune y forjar un recorrido artístico propio?

Está claro que yo no pretendo ser Jorge Cafrune, yo soy Yamila. Tengo mi forma de tocar la guitarra, mi gusto por las canciones, me gusta tocar acompañada mientras que mi viejo se acompañaba solo, yo canto tangos él no. Yo sé que lo que hago es con mucho respeto, no me pongo a especular en hacer tal cosa porque me da más plata. Con lo que tengo soy feliz, tengo que trabajar y ganar dinero pero para vivir y no para comprarme un yate. También es inevitable que siga siendo la hija de Cafrune, pero no canto lo mismo que él.

 

Además de cantora sos una difusora del folklore nacional. ¿Cómo ves la escena actual?

Yo creo que la música nacional tiene un potencial que no conocemos. Yo misma desconozco lo que se hace en lo más profundo de las provincias. Pero el que diga que el folklore está muriendo está equivocado. Existe una música genuina que debería ser rescatada por las comisiones de los festivales. Muchas veces el mercado está por encima de la calidad y lo que no  garpa no llega a los grandes escenarios.