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VACACIONES: El desafío de liberarse de las exigencias y la rutina

Luz Saint Phat | Periodista 

 

Llegó el verano, una época del año donde gran parte de los argentinos decide tomarse un merecido descanso. No obstante, para algunos, el cambio puede ser difícil. Muchas veces se presentan malestares psíquicos o físicos. Conectarse con el placer y los vínculos puede ser una propuesta válida.

 

En el cine, lo importante acontece en las vacaciones o en el tiempo libre.

Durante esta época, sucede lo inesperado. Es posible enamorarse en un trasatlántico y prometer reecontrarse luego, como lo plantea el clásico film de Leo McCarey “Algo para recordar”. También es válido enloquecer junto a los amigos inseparables, como lo relata “The Hangover”. Viajar en familia, sumergirse en una pesadilla sin retorno o redescubrir a los seres queridos están en el repertorio de las posibilidades. 

Quizás, en la vida, también sucede lo mismo.

La realidad es que la modalidad de trabajo -que cada vez es más exigente- y las rutinas diarias dejan poco espacio para la improvisación y lo impensado. Los tiempos familiares e individuales están calculados cronométricamente para cumplir con las tareas semanales.

Es por eso que el tiempo libre representa una oportunidad para vaciar las repeticiones de cada día y aventurarse en el terreno de lo desconocido. No obstante, esta tarea no siempre es vivida como un momento placentero, ya que significa una modificación importante en el ritmo de vida.  Aunque pueda parecernos extraño, en algunos casos, este proceso de reorganización viene acompañado de malestares psíquicos y físicos.

“Empecemos por entender que hay un cambio muy brusco en el estilo de vida en las vacaciones, tanto en el aparto psíquico como en el organismo. Vivimos épocas laborales donde estamos hiper exigidos y sobre adaptados a un sistema -sobre todo en las grandes ciudades-, lo que implica determinadas conductas. Al modificarse abruptamente esta situación en el período de receso, también el organismo requiere una adaptación. Se conoce, debido a diversos estudios, que se necesitan varios días para transitar este proceso”, indica Adriana Marcela Schapira, licenciada en psicología, especialista en psicología clínica y delegada por el departamento capital del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba.

“Se sabe -por ejemplo- que, cuando la actividad disminuye, el aparato inmunológico queda vulnerable y expuesto incluso a algunas somatizaciones. Entonces, es posible que la persona de repente tenga un virus o algún episodio somático por los niveles de estrés que se disparan”, agregó la especialista.

“Muchos no se dan cuenta, no son conscientes que el cese de la actividad es la causa del malestar o no consideran que esta nueva vida que se constituye en las vacaciones -que implica compartir con la familia 24 horas o estar sosteniendo vínculos que durante la etapa laboral están más acotados y más estructurados- puede traer aparejadas distintas problemáticas. Se pueden presentar síntomas como tristeza, ansiedad, angustia, irritabilidad, insatisfacción, dolores musculares, cefaleas e insomnio”, especificó Schapira.

Por otro lado, señaló la especialista, “hay personas muy ansiosas y muy exigentes. Les es más sencillo cumplir obligaciones que dejar de hacerlo. A esos sujetos también les cuesta entrar en clima de vacaciones porque funcionan mejor – de alguna manera – cuando están con todo ese rigor laboral”.

“Ni hablar de la importancia que tienen ahora las nuevas tecnologías. Muchos no pueden desconectarse totalmente de revisar las redes y el mail. Así, se encuentran con mensajes laborales indeseados que repercuten en la vivencia del tiempo libre”, agregó.

En tanto, Schapira adivirtió que “la problemática que se vive con el capitalismo también la encontramos en vacaciones porque es muy difícil que si una persona vive bajo una lógica todo el año, en quince o veinte días sea otro o viva bajo otros parámetros. Es muy complicado lograr esto, si no está trabajado previamente en un proceso terapéutico”.

 

 

De los ideales al placer

En la misma dinámica y registro de las exigencias laborales y familiares que tiene la rutina diaria, se ubican también los ideales sobre cómo debe vivirse el tiempo de receso.

“A veces, las mismas vacaciones constituyen una exigencia porque en esos días hay que pasear, relajarse, disfrutar, desconectarse y volver. Lo cual se constituye en otro imperativo más, que no todos logran”, explica la psicóloga.

“Hay toda una idealización de que las vacaciones tienen que ser perfectas y que tienen que ser en determinados lugares y maneras, que se imponen mediante el consumo. Así, son pocas las personas que se pueden interrogar por lo que necesitan realmente”, dice Schapira.

“En muchos casos, las vacaciones se disfrutan, pero en otros casos no. Los conflictos que están latentes aparecen en ese momento porque no se pueden disfrazar ni negar”, aclara la especialista.

En contraposición, reorientarse al placer particular de cada persona o grupo familiar puede ser una respuesta válida de disfrute.

“Conectarse con la naturaleza, hacer cosas que habitualmente no se hacen y se postergan, poder encontrarse con los seres queridos, son posibilidades interesantes aunque no hay una respuesta general para todos. Conectarse con el placer y tratar de hacer todo lo opuesto a lo que se hace durante el año también hace a la salud mental”, concluyó Schapira.